Energía y Equidad. Males de los 70s, vigentes 45 años después.

¿Sabría Ivan Illich que estaba escribiendo un ensayo icónico para aquellos que andamos en bici o nos movemos a pie por la ciudad? Desde los 70 ya anticipaba los problemas que tendríamos respecto a nuestro uso de la energía en el mundo y lo inequitativo del reparto tanto en su consumo como en su producción.

Fue en los 70 cuando Illich sería abucheado en la UNAM por afirmar que desde el automóvil no encontraríamos las respuestas a nuestras problemáticas de inequidad. De alguna manera, visionario y claro, Ilich sabía que el auto nos costaba más de lo que nos beneficiaba. Según los socialistas mexicanos de aquél tiempo, habría equidad cuando todos en la ciudad tuvieran un auto. Los capitalistas de hoy nos presentan el mismo  dilema: el automóvil es progreso. Illich fue visionario porque incluso entonces nos mostró que más allá de un tema de espacio y de contaminación, se trataba de un tema básico de justicia social. Si no tenemos acceso a las mismas oportunidades en nuestro acceso a energía, inevitablemente tendremos sociedades injustas.

Tras 100 años del automóvil particular en el mundo, lo dicho por Illich hace 45 hace todo el sentido del mundo. El uso desmedido del automóvil por parte de los grupos más privilegiados en países en desarrollo, dan muestra de lo que el automóvil nos cuesta: el mayor uso del espacio público al movernos (siendo una minoría de personas las que se mueven en coche), dos terceras partes de la producción mundial de emisiones de gases de efecto invernadero, tráfico y todo lo que esto conlleva (estrés, sedentarismo, siniestralidad vial). Con los años, las definiciones de lo que Illich, de manera muy filosófica nos presentaba, se han ido sofisticando a lo que escuchamos hoy en variados foros de Cambio Climático, Economía y Clima, Movilidad, Ciudades, Ciclismo Urbano, Planificación Urbana y un largo, larguísimo etcétera de temas que abarcan nuestros problemas urbanos.

Si se estima que para 2050, la población en las ciudades se incremente a 2,500 millones de personas, concentrando en zonas urbanas al 80% de la población mundial, y y que de éstas una gran parte vivirá en pobreza… ¿Qué están haciendo las ciudades para proveer de igualdad de oportunidades en acceso a energía y a formas de moverse a sus ciudadanos? Tan solo en México, más del 85% de los presupuestos federales destinados a movilidad se dedican a infraestructura para el auto y ésta es una tendencia que se repite en países latinoamericanos, africanos y asiáticos. Además, a esta narrativa se suman problemas de emisiones de gases de efecto invernadero: si bien ésta problemática nos afecta a todos, los estratos más pobres de la población en países en desarrollo, no producen y consumen tanto como lo hacen los países desarrollados.

Esto último nos lleva a preguntarnos cómo se manifiesta lo que Illich cuestionaba hace ya 45 años, y es que el problema va más allá de nuestra forma de movernos: se trata también de nuestra forma de consumir y de producir energía. ¿Está la solución en los países más equitativos? ¿Qué beneficios produce vivir en países con mayor igualdad de oportunidades? ¿Estos beneficios se extienden a nuestra calidad de vida?

Así que, ¿qué estamos haciendo en los países en desarrollo (y más específicamente en los latinoamericanos, asiáticos y africanos) para proveer de opciones en energía y movilidad?

No ha llegado el día en que respondamos a los cuestionamientos que Illich nos legó, pero queda la certeza de saber que, aunque tildado de loco por lo que aseguró en los 70, hoy los dilemas que planteó están mejor estudiados y son temas puestos ya en las agendas de muchos ciudades y países alrededor del mundo, y donde a muchos aún se les llama locos.Locos o no, estos cuestionamientos son una realidad y cada vez con mayor frecuencia el texto de Illich se convierte en una reflexión filosófica necesaria y de consulta para cualquiera que se interese en temas tan amplios como la justicia y la ciudad.

 

Esta reseña9788494249686 fue originalmente publicada en Leer la Ciudad, club de lectura de Editorial el Caminante el 24 de diciembre de 2015.

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